Finalmente conseguí lo que tanto deseaba. Conseguí los labios de aquella persona para mi tan perfecta. Supuse que todo estaba saliendo perfecto, era como la subida de mi vida, un túnel hacia la perfección.
Pero como todo el mundo dice, nada es para siempre, ¿no?
Supuse que te pasaba algo, estabas ausente aquel día. Me hablaste y no conseguí reaccionar a las palabras que apuñalaban mi pecho. Me atravesaron. La respiración pasó a ser hiperventilación, la mirada se mantuvo perdida y era incapaz de seguir leyendo aquello.
Todo a mi alrededor se derrumbaba, las cuatro paredes que me encerraban se iban comprimiendo más y más. Lo único que quería en esos momentos era que me dejases de hablar, que me ignorases y me dejases sola. Pero en el fondo no, yo sentía que necesitaba tus brazos rodeándome y tus labios deslizándose ligeramente por mi cuello.
No sabía qué hacer, cómo reaccionar.
Tentador era el hecho de mandarte a la mierda, pero poco favorable para ambos.
Lo único que me decías era que me seguías queriendo, que necesitabas tiempo y espacio. Y cuando leí esto, pensé en que había hecho algo mal. Que no te había tratado como esperabas. En definitiva, me eché la culpa.
Mis hombros volvían a soportar otro derrumbamiento.
